La vida en la biblioteca
Me encantaría estar durante 24 horas de seguido en una biblioteca en época de exámenes. De momento, no tengo planeado hacerlo, tampoco lo deseo tanto, pero sí que puedo jugar con la idea…
Un estudio de esos que se hacen en Wisconsin (¿existirá realmente ese lugar?) invirtiendo mucha pasta y experimentando con ratas para luego transferir sus resultados al género humano (como si tal cosa no supusiera en la mayoría de las ocasiones una idiotez), ha llegado a la conclusión de que “dormir es fundamental para aprender“, algo que cualquiera que haya estudiado alguna vez alguien para superar alguna pueba, sabe sin necesidad de tanta floritura cientifizoidea. Perdón si me invento palabras pero es que soy académico de la legua, premio nobel de literatura a título compartido y finalista de un concurso de poesía en el instituto.
¿Qué coño estaba yo diciendo?
Ah sí, no me toméis drogas para estudiar, tomádmelas para divertiros mientras estudiais.
La biblioteca en época de exámenes es un espacio a punto de explotar. La fuerza de todas las concentraciones juntas, es sumamente peligrosa. Bueno, luego hay gente que va a pasearse, se lleva sus chucherías y sus coca-colas con cafeína, como ese chico con gafas y olor a atún en el pelo, hay una copia de él en todas las bibliotecas o por lo menos en todas a las que voy.
Es una tesis arriesgada pero, en mi opinión, buena parte de los resultados de los exámenes dependen de las personas con las que se comparte biblioteca, las conozcas o no.
Quizá desarrolle más esta última idea en algún otro post…
Febrero 2, 2008 en 12:29 pm
Deberías escribirte un post sobre lo que hablábamos anoche en La Vinícola, todas las locuras que hacíamos en tiempos de colegio e instituto y como te la sudaba todo y como ha cambiado la cosa al llegar a la universidad.
Es sólo una sugerencia.
Saludos.
Febrero 2, 2008 en 5:22 pm
Es una buena idea
seguro que cae algo así…
Ya vuelvo a estar enganchado con lost, toda esa confusión es tan seductora…
Febrero 3, 2008 en 6:53 pm
Es en verdad hermoso que el premino Nobel que nos concedieron no te haya hecho minusvalorar tu segundo puesto en un concurso de literatura de instituto de barrio….es como si Alonso se presentara como “dos veces campeón del mundo de fórmula 1 y el tercer niño que más corría en mi clase del cole”. Todo un alarde de humildad.
Por ciertro, el de olor a atún…¿es ese tipo del que me aconsejaste, estando en Islas Filipinas, que no me sentase a su lado porque “olía a caldofrán”?…vaya risas nos hechamos.
Febrero 3, 2008 en 9:57 pm
Sí Joeys, justo de ese se trata. ¿te acuerdas? Quizá debería haberme quitado los cascos del mp3 antes de hacerte ese comentario, la humillación para el sujeto en cuestión habría sido menor, sin embargo, la mayor parte del aula estuvo de acuerdo conmigo…