Escribo este post desde la biblioteca de la universidad entre estanterías metálicas, columnas de hormigón, libros dispuestos/agrupados por signaturas, (aunque no descarto que haya alguno perdido entre los muchos), gente llevando a cabo sus quehaceres (desde ligar a estudiar, pasado por curiosear entre los títulos) y muchas otras cosas que mis ojos, por el momento, son incapaces de apreciar. La falta de ganas ha sido el motor de todos mis actos desde el pasado lunes, sin embargo, he cultivado algunos de los pequeños placeres de la vida durante estos días, tales como dormir la siesta, mirar un padrastro de mi dedo durante horas y horas o fantasear con una piscina de pelotas anti-stress en mi futura casa. He leído Doing cultural studies y he aprendido que, desde esta perspectiva, el análisis de cualquier artefacto o texto requiere tener en cuenta cinco dimensiones: representación, indetidad, producción, consumo y regulaciones, las cuales sólo pueden pensarse cruzadas/atravesadas. La representación alude a discursos y lenguajes orales y visuales en torno al objeto, la identidad a procesos de igualación y distinción, la producción es técnica y y cultural y no acaba cuando el artefacto sale al mercado, se prolonga a la apropiación del mismo por parte de distintos grupos en distintos contextos. Consumir es producir signos según Baudrillard, el consumo depende del gusto, determinado, a su vez, por el habitus (Bourdieu) donde juegan capitales económicos y culturales. La regulación tiene que ver con el movimiento del artefacto oscilando entre privado y público.
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