Me encantaría estar durante 24 horas de seguido en una biblioteca en época de exámenes. De momento, no tengo planeado hacerlo, tampoco lo deseo tanto, pero sí que puedo jugar con la idea…
Un estudio de esos que se hacen en Wisconsin (¿existirá realmente ese lugar?) invirtiendo mucha pasta y experimentando con ratas para luego transferir sus resultados al género humano (como si tal cosa no supusiera en la mayoría de las ocasiones una idiotez), ha llegado a la conclusión de que “dormir es fundamental para aprender“, algo que cualquiera que haya estudiado alguna vez alguien para superar alguna pueba, sabe sin necesidad de tanta floritura cientifizoidea. Perdón si me invento palabras pero es que soy académico de la legua, premio nobel de literatura a título compartido y finalista de un concurso de poesía en el instituto.
¿Qué coño estaba yo diciendo?
Ah sí, no me toméis drogas para estudiar, tomádmelas para divertiros mientras estudiais.
La biblioteca en época de exámenes es un espacio a punto de explotar. La fuerza de todas las concentraciones juntas, es sumamente peligrosa. Bueno, luego hay gente que va a pasearse, se lleva sus chucherías y sus coca-colas con cafeína, como ese chico con gafas y olor a atún en el pelo, hay una copia de él en todas las bibliotecas o por lo menos en todas a las que voy.
Es una tesis arriesgada pero, en mi opinión, buena parte de los resultados de los exámenes dependen de las personas con las que se comparte biblioteca, las conozcas o no.
Quizá desarrolle más esta última idea en algún otro post…